Repolitización de los cuidados
Mujeres y disidencias
por el paro
La decisión fue colectiva -surgida en el seno de una emblemática Asamblea Transfeminista de Mujeres y Disidencias, sin precedente
en la historia de los paros y levantamientos en el país- y fue clara: apoyamos el paro desde una repolitización profunda de los cuidados.
Organizamos centros de acopio de alimentos y medicinas, principalmente en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Central del Ecuador; acompañamos las ollas populares que alimentaron a miles de personas movilizadas; levantamos un Wawa Wasi para cuidar con ternura a niñxs; creamos un lactario colectivo y habilitamos el Punto Rojo, donde ofrecimos atención ginecológica natural a las manifestantes.
Además, impulsamos una campaña contra el acoso y la violencia sexual en contextos de protesta, promoviendo prácticas de autocuidado y cuidado mutuo. Así, transformamos el cuidado -esas labores históricamente invisibilizadas y marginalizadas- en una acción política radical.
Cuidar fue resistir colectivamente, desde el cuerpo y para la vida. Dignificamos el trabajo reproductivo como un acto de resistencia frente a la lógica del capital competitivo e individualizante. Pusimos la vida en el centro, la vida digna en el centro.
Desde el primer día del paro, mujeres y disidencias sexuales nos autoconvocamos en resistencia. Nos tomamos
el boulevard de las Naciones Unidas, arteria comercial de la capital. Allí, en pleno centro de poder de la
élite, alzamos nuestrxs cuerpxs y nuestras demandas.
Nos levantamos en contra del desmantelamiento del Estado, el encarecimiento de la vida, el desempleo y
la precarización laboral, la criminalización de la protesta social, el extractivismo y el incremento de la
violencia machista.
El puente peatonal se volvió pancarta viva, la calle se volvió trinchera.
Colgamos y prendimos fuego a los rostros del poder: monigotes de ministros, de un gobierno violento y
sordo a las necesidades del pueblo.
Ese día hicimos historia: en el parque “El Arbolito” -que renombramos como “El Parque de la Resistencia”-
nos acuerpamos como Asamblea Transfeminista: mujeres, marikas, lesbianas, trans y no binaries nos juntamos y
cuestionamos un paro sin nosotrxs.
Desde esta juntanza nos preguntamos: ¿cómo colocar nuestras demandas propias en el paro? y ¿cómo íbamos
a participar del paro?
Testimonio de Eliana Pakarina Champutiz. Bloque Warminista.
Testimonio de Seta. Génerxs Diversxs. Cholas Valientes.
El paro es con y por nosotrxs o no será. Porque la precarización de la vida nos atraviesa de forma diferencial -por género, sexualidad, étnia, clase, identidad- decidimos pensar y habitar el levantamiento desde una clave transfeminista y comunitaria. ¡Pusimos en el centro la reivindicación de la vida, de la vida digna!
Acordamos abrir paso a las comunidades indígenas que estaban camino hacia Quito, paralizando puntos neurálgicos de la ciudad. En los días siguientes, convocamos a varias marchas que permitieron el ingreso de compañerxs movilizados desde zonas rurales.
Asamblear juntxs en el parque de la Resistencia, burlando la presencia de la fuerza pública, se volvió
ritual cotidiano y práctica política. Decidimos abrir diálogo directo con las organizaciones indígenas para
posesionar nuestras propias demandas como mujeres y disidencias.
Porque la lucha por el trabajo y la vida digna también pasa por nuestrxs cuerpxs precarizados.
Reafirmamos nuestra forma de lucha: el cuidado como acción política. Nos hicimos cargo del centro de acopio
de alimentos, medicinas, insumos de higiene, cobija y vestimenta. Nos tomamos la Escuela de Trabajo Social de la
Universidad Central.
Repolitizar el cuidado fue subvertir su carga histórica y convertirlo en sostén clave del levantamiento.
La Universidad Central y la Universidad Politécnica Salesiana abrieron sus puertas como centros de acogida
humanitaria.
De acuerdo con el colectivo Geografía Crítica, Quito albergó a 50 mil indígenas movilizados. Sostener el
centro de acopio fue minga en resistencia.
No sólo por la carga de trabajo; sino que también fue lucha política por el espacio -días antes fuimos
expulsadas de otra facultad que intentamos sea nuestra base- así que montamos guardias día y noche para no
perder nuestro territorio y nuestra forma de luchar.
Abastecimos de alimentos a las ollas comunitarias, de medicinas a las brigadas médicas y de vestido y
cobijo a lxs compañexs indígenas movilizados.
Nosotrxs respondimos desde el arte colectivo: con la obra Narcococinas desafiamos esa narrativa mentirosa.
Mostramos que fueron las donaciones y la minga las que sostuvieron la resistencia desde los afectos, la solidaridad y la dignidad.
Testimonio de Colectivo Pikachu - Obra Narcococinas.
3 de Noviembre del 2022. Videoclip “Narcocinas” contrarresta la desinformación que sostuvo que el paro fue financiado por el narco.
Fuente: Ilyari Derks Bustamante
El cuidado no fue un gesto dócil y sumiso, fue resistencia y lucha organizada.
Por eso, levantamos un Wawa Wasi -un centro de cuidado de lxs hijxs de estudiantes de la Universidad Central- que esta vez acogía a las infancias movilizadas que también luchaban contra el mal gobierno.
¡Por ellxs también nos levantamos!
Testimonio de Saywa Kullur Escola, gestora cultural Kwicha Karanki.
En la Casa de la Cultura, otras compañeras organizaron un lactario colectivo; porque las maternidades también son políticas y se levantan por sus hijxs.
Testimonio de Maga, Comunicadora, Madre y Militante.
Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.
Testimonio de Solanja Altamirano, Carpa Roja, Ginecología Natural. (Punto rojo).
Mientras enfrentábamos la represión estatal, también tuvimos que enfrentar el acoso entre compañerxs en los centros de acogida. Porque ahí también -inclusive en esos espacios de resistencia- existe el acoso y la violencia machista.
Por eso, como acto de autodefensa, cuidado y cuidado mutuo levantamos la campaña “No seas como el chapa” y empapelamos ese que era nuestro territorio con nuestras consignas:
Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.
No sólo resistimos: organizamos, cuidamos, denunciamos y propusimos otra forma de estar juntxs. En medio del caos, colocamos la vida digna en el centro.