¡No hay paz
sin justicia social!


Frente al despliegue de nuestro poder popular plurinacional, el gobierno respondió desde el aparato de defensa del Estado generando represión y abuso sistemático que vulneró nuestro legítimo derecho a la resistencia.

La criminalización de la protesta, además de operar desde la fuerza pública, fue legitimada por los discursos de los medios corporativos que clamaban por la defensa de la “democracia” y de la “paz”.

Respondimos con firmeza: “no hay paz sin justicia social”, una consigna potente que contrarrestó la desinformación. Desde varias marchas, exigimos justicia por las detenciones arbitrarias, las personas heridas y las muertes del paro.

En nuestro propio lenguaje comunicacional y artístico -performances, bordados colectivos, plantas de poder, rituales, artivismo, coberturas periodísticas- generamos un ecosistema de prácticas de resistencia, denuncia y reivindicación de derechos.

21 de junio de 2022


Como en junio de 1990 —cuando se vivió el Primer Levantamiento Indígena— este paro también coincidía con el Inti Raymi: la fiesta de la cosecha que marca el reinicio de la vida.
En la cosmovisión andina, el tiempo no es lineal, sino cíclico y espiralado: el pasado se ve adelante y nos guía.
Treinta años después, la lucha volvía a resonar, con la misma dignidad de los pueblos en resistencia, pero renovada por la presencia activa de mujeres y disidencias sexuales.

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Pero también persistía el racismo y el clasismo estructural.
Se criminalizó la protesta y en nombre de la defensa del gobierno, la democracia y la “paz”, la represión fue material y simbólica: con el aparato de seguridad del Estado, los medios corporativos y el respaldo empresarial.
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Mientras en la Tribuna de los Shyris - epicentro de la élite blanco mestiza- se organizaban las mal llamadas “marchas por la paz”, el sector movilizado ponía los muertxs, heridxs y detenidxs.
Ese mismo día la zona de paz era gaseada, civiles dispararon contra manifestantes y la policía detenía extrajudicialmente a quienes protestaban…
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En Guayaquil, epicentro económico del país, la alcaldesa insinuó que se comprarían productos agrícolas al vecino país del Perú, despreciando así el trabajo de las manos campesinas que, en ese momento, sostenían la movilización.

Frente a este gesto, la ciudad también despertó, denunciando su blanqueamiento estructural y la forma en que históricamente se ha invisibilizado a lxs indígenas que también la habitan y resisten.

Testimonio de Ybelice Briceño, docente y activista.

Testimonio de Natalia Roca, colectivo Entretejidas.

Testimonio de Natalia Roca, colectivo Entretejidas.

Ellos tenían las armas, nosotrxs la dignidad de la lucha y fuimos atacadxs.
La lucha de las mujeres y disidencias puso en el centro la defensa de la vida digna: con justa rabia y esperanza.
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Frente al odio y la criminalización, dimos la batalla por el sentido: desde la comunicación, el arte y nuestra presencia en la calle con marchas que lo gritaron con fuerza:
¡No hay paz sin justicia social!
25 de junio de 2022

La Asamblea Transfeminista junto con lideresas indígenas de organizaciones de base de la CONAIE, CONFENIAE, ECUARUNARI organizamos una marcha para denunciar y rechazar la violencia sistémica, la represión y el abuso de la fuerza pública.
Llegamos hasta la plaza José Marti, al norte de Quito, donde la consigna fue clara:
¡No más muertes! ¡Paren la masacre!

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Testimonio de Karol Jaramillo, comunicadora de InRed y Alianza por los DDHH.

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Testimonio de Vanessa Bósquez Salas, Comunicadora, defensora de derechos humanos y de la naturaleza.

Disputamos el sentido, frente a las marchas de paz de la “gente de bien” -como se autoafirmaban- reclamamos que ¡No hay paz sin justicia social! Levantamos esta bandera, que habíamos tejido juntxs, así como habíamos tejido nuestras luchas.

Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.

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Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.

Reclamamos con fuerza: desde distintos frentes y con distintos lenguajes, estuvimos en primera línea.
Muchxs nos sumamos desde la comunicación, el arte y prácticas ancestrales: con nuestro propio lenguaje, generamos una gramática de la protesta en clave contestataria.

Testimonio de Patricia Carrión, abogada de la Cedhu.

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Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.

El rol de la comunicación popular, comunitaria y alternativa fue vital para sostener un canal contrainformativo que disputara el sentido, visibilizara la violencia y ratificara la agenda del paro.
La cámara, el micrófono, el celular, fueron armas poderosas que sirvieron para contrarrestar la desinformación y el odio.

Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.

Testimonio de Toa Sisa Guamán Pilco, Kichwa Puruhá, Warmicine.

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Testimonio de Vanessa Bósquez Salas, Comunicadora, defensora de derechos humanos y de la naturaleza.

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Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.

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Testimonio de Rocío Gómez, Warmicine.

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Nuestra trinchera fue el cuerpx como territorio, la calle como territorio y el espacio digital como territorio: así logramos romper el cerco mediático corporativo afín los intereses del gobierno y de la élite empresarial.

Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.


Desde las artes también se denunció y se sembró esperanza. La palabra fue nuestra arma. En medio del humo, creamos: escribimos, cantamos y danzamos. La poesía se volvió barricada, archivo y trinchera.

Así resonó la voz firme de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.
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“Te vamos a nombrar”
Por: Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi

Escucha el poema “Te vamos a nombrar” de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.

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"Afuera nos quieren censurar,
Afuera nos quieren volver a someter,
los gobiernos siempre nos quieren callar
y no, nosotros no sabemos callar

Vamos a nombrar todos los males,
todos nuestros dolores,
las injusticias, su desfalco,
lo vamos a nombrar.
Descripción de la imagen
Todas las voces, los versos,
todas las canciones,
los puños en alto,
nos vamos a multiplicar.

No, no nos vamos a callar
Y sí, te vamos a nombrar
gobierno extractivista,
corrupto y asesino."


“Las dos orillas”
Por: Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi

Escucha el poema “Las dos Orillas” de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.

Ellos organizaron el desfalco en los hospitales,
nosotros organizamos el dolor y la resistencia.

Ellos organizaron los millones en Suiza,
nosotros organizamos la chakra.

Ellos nos organizaron como objetos de estudio,
nosotros nos organizamos como sujetos de derechos.

Ellos organizan las balas en sus cuarteles,
nosotros organizamos el azúcar
Y el arroz
en las cocinas comunitarias

Ellos organizan sus falsas banderas,
Nosotros organizamos la lista de heridos
y detenidos.

Ellos organizan sus franco tiradores,
Nosotros organizamos a los paramédicos.

Ellos organizan las bombas de gas lacrimógeno,
nosotros organizamos las ramitas de eucalipto y bicarbonato.

Ellos organizan el pago a los grandes medios de comunicación,
nosotros organizamos las radios comunitarias.

Finalmente, ellos organizan el odio,
nosotros organizamos la dignidad.

Entonces

¿Quiénes son los terroristas?"



También resistimos desde lo ancestral. Honrando la memoria de las plantas y de nuestros pueblos, ritualizamos el levantamiento: activamos limpias con plantas de poder, cantamos, sahumamos y encendimos fuego.


En el corazón de la protesta, lo espiritual fue refugio, cuidado y defensa. Sostener el paro con sabiduría ancestral fue, un acto profundamente político.
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Prácticas ancestrales espirituales acompañaron la lucha política de las mujeres.

Fuente: Cholas Valientes

Testimonio de Salomé Quitto, Nuna Warmi.

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Fuimos muchas voces, muchos cuerpxs, muchas formas de decir ¡Basta! En las calles, en los cantos, en las artes, en los rituales, en las redes y en la palabra tejida: ahí disputamos el sentido.


Nos levantamos contra el racismo, el clasismo y la represión. No fue solo protesta, fue memoria viva. Y seguimos: porque mientras no haya justicia, tampoco habrá paz.