¡No hay paz
sin justicia social!
Frente al despliegue de nuestro poder popular plurinacional, el gobierno respondió desde el aparato de defensa del Estado generando represión y abuso sistemático que vulneró nuestro legítimo derecho a la resistencia.
La criminalización de la protesta, además de operar desde la fuerza pública, fue legitimada por los discursos de los medios corporativos que clamaban por la defensa de la “democracia” y de la “paz”.
Respondimos con firmeza: “no hay paz sin justicia social”, una consigna potente que contrarrestó la desinformación. Desde varias marchas, exigimos justicia por las detenciones arbitrarias, las personas heridas y las muertes del paro.
En nuestro propio lenguaje comunicacional y artístico -performances, bordados colectivos, plantas de poder, rituales, artivismo, coberturas periodísticas- generamos un ecosistema de prácticas de resistencia, denuncia y reivindicación de derechos.
Como en junio de 1990 —cuando se vivió el Primer Levantamiento Indígena— este paro también coincidía con el Inti Raymi: la fiesta de la cosecha que marca el reinicio de la vida.
En la cosmovisión andina, el tiempo no es lineal, sino cíclico y espiralado: el pasado se ve adelante y nos guía.
Treinta años después, la lucha volvía a resonar, con la misma dignidad de los pueblos en resistencia, pero renovada por la presencia activa de mujeres y disidencias sexuales.
Pero también persistía el racismo y el clasismo estructural.
Se criminalizó la protesta y en nombre de la defensa del gobierno, la democracia y la “paz”, la represión fue material y simbólica: con el aparato de seguridad del Estado, los medios corporativos y el respaldo empresarial.
Ese mismo día la zona de paz era gaseada, civiles dispararon contra manifestantes y la policía detenía extrajudicialmente a quienes protestaban…
Frente a este gesto, la ciudad también despertó, denunciando su blanqueamiento estructural y la forma en que históricamente se ha invisibilizado a lxs indígenas que también la habitan y resisten.
Testimonio de Ybelice Briceño, docente y activista.
Testimonio de Natalia Roca, colectivo Entretejidas.
Testimonio de Natalia Roca, colectivo Entretejidas.
La lucha de las mujeres y disidencias puso en el centro la defensa de la vida digna: con justa rabia y esperanza.
¡No hay paz sin justicia social!
La Asamblea Transfeminista junto con lideresas indígenas de organizaciones de base de la CONAIE, CONFENIAE, ECUARUNARI organizamos una marcha para denunciar y rechazar la violencia sistémica, la represión y el abuso de la fuerza pública.
Llegamos hasta la plaza José Marti, al norte de Quito, donde la consigna fue clara:
¡No más muertes! ¡Paren la masacre!
Testimonio de Karol Jaramillo, comunicadora de InRed y Alianza por los DDHH.
Testimonio de Vanessa Bósquez Salas, Comunicadora, defensora de derechos humanos y de la naturaleza.
Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.
Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.
Muchxs nos sumamos desde la comunicación, el arte y prácticas ancestrales: con nuestro propio lenguaje, generamos una gramática de la protesta en clave contestataria.
Testimonio de Patricia Carrión, abogada de la Cedhu.
Testimonio de Colectivo Bordar La Ternura.
La cámara, el micrófono, el celular, fueron armas poderosas que sirvieron para contrarrestar la desinformación y el odio.
Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.
Testimonio de Toa Sisa Guamán Pilco, Kichwa Puruhá, Warmicine.
Testimonio de Vanessa Bósquez Salas, Comunicadora, defensora de derechos humanos y de la naturaleza.
Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.
Testimonio de Rocío Gómez, Warmicine.
Testimonio de Seta, Génerxs Diversxs, Cholas Valientes.
Desde las artes también se denunció y se sembró esperanza. La palabra fue nuestra arma. En medio del humo, creamos: escribimos, cantamos y danzamos. La poesía se volvió barricada, archivo y trinchera.
Así resonó la voz firme de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.
“Te vamos a nombrar”
Por: Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi
Escucha el poema “Te vamos a nombrar” de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.
"Afuera nos quieren censurar,
Afuera nos quieren volver a someter,
los gobiernos siempre nos quieren callar
y no, nosotros no sabemos callar
todos nuestros dolores,
las injusticias, su desfalco,
lo vamos a nombrar.
todas las canciones,
los puños en alto,
nos vamos a multiplicar.
No, no nos vamos a callar
Y sí, te vamos a nombrar
gobierno extractivista,
corrupto y asesino."
“Las dos orillas”
Por: Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi
Escucha el poema “Las dos Orillas” de Sarawi Andrango, hija de María Luisa Titumaita, poeta y escritora Kayambi.
Ellos organizaron el desfalco en los hospitales,
nosotros organizamos el dolor y la resistencia.
Ellos organizaron los millones en Suiza,
nosotros organizamos la chakra.
Ellos nos organizaron como objetos de estudio,
nosotros nos organizamos como sujetos de derechos.
Ellos organizan las balas en sus cuarteles,
nosotros organizamos el azúcar
Y el arroz
en las cocinas comunitarias
Ellos organizan sus falsas banderas,
Nosotros organizamos la lista de heridos
y detenidos.
Ellos organizan sus franco tiradores,
Nosotros organizamos a los paramédicos.
Ellos organizan las bombas de gas lacrimógeno,
nosotros organizamos las ramitas de eucalipto y bicarbonato.
Ellos organizan el pago a los grandes medios de comunicación,
nosotros organizamos las radios comunitarias.
Finalmente, ellos organizan el odio,
nosotros organizamos la dignidad.
Entonces
¿Quiénes son los terroristas?"
En el corazón de la protesta, lo espiritual fue refugio, cuidado y defensa. Sostener el paro con sabiduría ancestral fue, un acto profundamente político.
Prácticas ancestrales espirituales acompañaron la lucha política de las mujeres.
Fuente: Cholas Valientes
Testimonio de Salomé Quitto, Nuna Warmi.
Nos levantamos contra el racismo, el clasismo y la represión. No fue solo protesta, fue memoria viva. Y seguimos: porque mientras no haya justicia, tampoco habrá paz.